domingo, 15 de marzo de 2015

Nuestra reseña del libro 'El último niño de los bosques'

20 minutos de contacto con la naturaleza tiene el mismo efecto que 
una dosis de Ritalina” dice Dr. Louv autor de El último niño en los bosques.

Del concepto de síndrome de déficit de naturaleza fue acuñador el periodista y pedagogo Richard Louv en el 2005, para describir la situación actual del desosiego y desapego que existe entre la juventud y la naturaleza. 


La poca conexión que existe hoy en día es marcada por la temeridad o delineada por parques manicurados. El medio ambiente se ha vuelto un fenómeno externo, observable a través de documentales o películas. El árbol se vuelve adorno del paisaje y quién sabe de dónde provienen los alimentos. Ya las personas que saben nombrar los árboles y flores de la colonia son escasas. Los beneficios de hacer un té de cierta hierba se restringen al dominio de las abuelas, los curanderos o los hippies. Esta distancia tiene repercusiones en la salud mental.

Solo en 2003 el número de niños de kínder diagnosticado con déficit de atención aumentó en un 380%. A parte de que este síndrome su puso de moda por abarcar un sinfín de padecimientos Richard Louv sostiene que este fenómeno es consecuencia directa del enajenamiento de la juventud con la naturaleza.

En El último niño de los bosques se describe como a los niños hay que darles oportunidad de jugar y explorar libremente la naturaleza, como lo hacían generaciones pasadas. Richard Louv critica que padres sobre-protectores, curricula de escuelas muy enfocadas a la teoría o estilos de vida demasiado organizados ya no permiten la espontaneidad y libertad que brinda jugar en un bosque, en un arroyo o en un baldío.

Nos hemos dejado secuestrar por la ansiedad. Asaltados por los medios y películas de horror, la naturaleza se ha vuelta ajena y oscura. Los espacios y momentos en la naturaleza que nos re-conectan con cierta armonía y paz natural son casi nulos. A cambio, llevamos a los niños a parques de diversión o al juego de futbol. Pero el juego estructurado y controlado en espacios reducidos o diseñados no aporta lo mismo. Al darle la oportunidad a un niño de enfrentarse a la vida silvestre, de mojarse los pies y ensuciarse las manos aporta mucho más a su confianza, a su creatividad y espiritualidad. ¿Qué pasa con los niños que no tienen estas oportunidades?

El entretenimiento principal de los niños hoy en día proviene de una pantalla. Experiencia distorsionada y  secundaria de la realidad que únicamente ejerce dos de los sentidos. Existe una fe ilusoria y un fanatismo por la tecnología que no permite el acercamiento al mundo natural. 

"Evidentemente existe un problema en una sociedad que invierte tanto dinero y tiempo en hacer disponible hasta el último rasgo de información procesada pero facilita la oportunidad de explorar el mundo sí  misma” se cita el libro de The Necessity of Experience de Edward Reed.

"Los niños viven través de sus sentidos. Las experiencias sensoriales conectan la vida exterior con el mundo interior, escondido y emotivo. Para el desarrollo emocional es esencial la libertad de jugar y explorar el mundo natural: la fuente principal de todo estímulo sensorial. Los niños se ponen a prueba interactuando con su entorno, activando su potencial y reconstruyendo la cultura.” - Robin Moore de National Learning Initiative

La naturaleza se vuelve un lienzo en blanco para que los niños reproduzcan y digieran sus sentimientos. La naturaleza es inmensamente estimulante, pero no impone sobre la imaginación. A diferencia de una ciudad tapizada de anuncios y espectaculares, la naturaleza no te intenta convencer o juzgar. No hay necesidad de conformarse o adecuarse a un concepto o imagen social. Los niños son libres de ser, de expresar su creatividad y de procesar estímulos creados socialmente.

Los poetas y shamanes llevan cientos de años describiendo el efecto de la naturaleza no estructurada sobre la salud y el desarrollo humano. Richard Louv ahora presenta los beneficios  evidenciados por académicos, pedagogos y activistas ambientales. Para mencionar solo algunas:

·         Un estudio de Nancy Wells de la Universidad de Cornell comprobó que los eventos estresantes de la vida son mucho mejor asimilados por niños que viven en un contexto de mucha naturaleza.
·         Los beneficios de la terapia de horticultura, o de tener invernaderos u hortalizas en escuelas y hospitales, incluyen la estimulación y acelera la recuperación de traumas físicos y emocionales.
·         En los niños se observa una mejora marcada en las habilidades sensoriales, de observación, categorización, identificación de patrones, conciencia de sistemas interconectados, procesos evolutivos y cíclicos de la vida.

·         Stephan Kaplan describe la fatiga de atención dirigida. En un mundo de incontables estímulos constantemente tenemos que discriminar y enfocar la atención, cansando al cerebro. Los estímulos de la naturaleza no requieren de esfuerzo, y la reacción a ellos es fácil e instintiva.  Los síntomas de agitación, irritación e impulsividad en un entorno urbano se convierten en fascinación y humildad en la naturaleza.
·         El contacto con la naturaleza promueve el sentido de apego, de responsabilidad y de conciencia. Al identificar más de los seres vivos que nos rodean, aprendemos una apreciación por ellos, y se crean vínculos emotivos.
·         Los niños experimentan un aumento de confianza por ser retados pero no cuestionados. El juego libre promueve la independencia, el auto-conocimiento, el empoderamiento y el auto-control.
·         El Central Park de Nueva York fue el primer parque urbano diseñado profesionalmente en Estados Unidos, y originalmente tuvo el propósito de generar conciencia cívica y fortalecer la salud pública.


La eco-espiritualidad
“Como padre no promueves que tus hijos vivan la naturaleza porque es bonita, sino porque son expuestos a algo más grande y que lleva más tiempo que su existencia inmediata”.

La teoría de Biophilia describe lo que sentimos al enfrentamos a un espacio abierto muy grande o una vista imponente: nos nace instintivamente un enlace emocional por otros sistemas vivos y consecuentemente con una armonía interna. Simplemente al pasar más tiempo en la naturaleza nos sentimos conectados con los demás seres vivos del planeta y con nosotros mismos.

La fascinación con la naturaleza y la humildad que nos provee es terapéutica y espiritual. El medio ambiente no juzga, ni nos permite juzgar. Lo aceptamos como es, y así nos aceptamos como somos. Nos aterriza en el momento y desecha preocupaciones por el pasado o futuro. El entrar en contacto con la naturaleza es meditar, y meditar es aceptar; aceptar amar.

Por: @DanielBehn

  
 The Sound of a Creature Not Stirring

sap rising
snowflakes forming and falling
sunrise
moonrise
dew on the grass
a seed germinating
an earthworm moving through the soil
cactus baking in the sun


mitosis
an apple ripening
feathers
wood petrifying
a tooth decaying
a spider weaving its web
a fly caught in the web
a leaf changing colors
a salmon spawning


  
Para seguir leyendo:


·         Association for Experiential Education
·         National Wildlife Federation
·         Roger Tory Peterson Institute of National History
·         Orion Society fellowships
·         Mary Rivkin
·         wilderness trips for low-income urban kids
·         David Orr
·         Rugat Sound Environmental Learning Center
·         Pat Flanagan
·         ‘Open letter to the American Religious Community (1991)
·         Jim Hubbell (artist)
·         Michael Pertschuk (citizen advocacy)
·         Reviving Ophelia



The political protection of nature depends on our ability to see each as part of a single, named, public resource.